Hoy me he levantado con ganas de seguir soñando.
Sin leer entre líneas. Como mucho, únicamente, con un final sin lágrimas.
Olvido a veces que lo de ser bruja es mentira.
Sólo la música me puede salvar hoy de esta penosa sonrisa.
∞
No soporto la gente que llora por llorar sin tener ganas de hacerlo. Que hacen ver al resto de la humanidad que el azar les tiene preparado un plan maquiavélico constante como excusa de su gesto pálidamente agrio y descafeindo. De mueca convertida en funeraria conseguida a través de los años, sin recordar porqué no llegan a sonreír cuando realmente toca. Pensando, de manera paradójica, que de esa manera tan infame son más importantes que el resto.
Sigo odiando a esa gente que no cree en las buenas personas y las buenas acciones, que sólo ven horror donde no lo hay y únicamente encuentran en el rezo y la flagelación la vía de escape imaginaria aún teniendo delante de las narices la pócima de la felicidad. Intacta y sin brillo por todos las noches lloradas.
En realidad, la vida me cansa. Esta vida que me ha tocado me ha hecho decir basta.
Basta porque ahora soy yo quien decide qué es vivir.
Sigo odiando a esa gente que no cree en las buenas personas y las buenas acciones, que sólo ven horror donde no lo hay y únicamente encuentran en el rezo y la flagelación la vía de escape imaginaria aún teniendo delante de las narices la pócima de la felicidad. Intacta y sin brillo por todos las noches lloradas.
En realidad, la vida me cansa. Esta vida que me ha tocado me ha hecho decir basta.
Basta porque ahora soy yo quien decide qué es vivir.
Tiempo
A veces, sólo a veces, recuerdas que sonreír no debe ser un privilegio sino un derecho.
Hoy he tenido ese minuto de reflexión donde se paró el reloj entre risas nerviosas y miradas cómplices.
Como nunca y como siempre.
Donde queda atrás el velo negro porque al mirar hacia adelante todo sigue siendo como antes. Ese antes que era y no es. El pretérito perfecto que parece anclarse en el presente.
Pero que desaparece, al fin, porque el ahora sigue ganando el pulso al siempre.
Hoy he tenido ese minuto de reflexión donde se paró el reloj entre risas nerviosas y miradas cómplices.
Como nunca y como siempre.
Donde queda atrás el velo negro porque al mirar hacia adelante todo sigue siendo como antes. Ese antes que era y no es. El pretérito perfecto que parece anclarse en el presente.
Pero que desaparece, al fin, porque el ahora sigue ganando el pulso al siempre.
Hoy no es un día para aplausos.
Prefiero un funeral para acompañar.
En realidad, prefiero aplaudir en tu funeral.
Por primera vez en mi vida no sentiría absolutamente nada de dolor.
Mientras todos dirían era un buen chico, mirando hacia el lado de la falsedad.
Pero nadie sería capaz de hablar en presente.
Porque todos tendrían las mismas ganas de aplaudir acompañándome.
Prefiero un funeral para acompañar.
En realidad, prefiero aplaudir en tu funeral.
Por primera vez en mi vida no sentiría absolutamente nada de dolor.
Mientras todos dirían era un buen chico, mirando hacia el lado de la falsedad.
Pero nadie sería capaz de hablar en presente.
Porque todos tendrían las mismas ganas de aplaudir acompañándome.
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