
No sé si traerán suerte, puede que sean un invento más para mantener saciada y contenta nuestra conciencia. Para que luego se diga que no somos inteligentes, inventamos todo para mentirnos a nosotros mismos, o al menos para olvidar un poco lo mundano. Incluso llegamos a creer en un destino, olvidamos las elecciones y damos paso al azar. Sale algo bien: cosa del destino. Sale algo mal: vaya, tenía que pasar. Y es que cuando no hay respuesta a algo que nos sucede y se nos queda grande, cual político que todos tenemos dentro, a algún hecho le tendremos que achacar nuestras penitencias ¿no?
Por mucho que se diga a veces que hay un algo que mueve lo que nos sucede, no todos creen lo mismo. Obviamente, también están las personas que mueven los hilos del mundo. Y sin ellas, poco hacemos. Que no llegan a estar y no nos regalan ninguno de esos inventos para sentirnos mejor sin obtener una respuesta empírica, y no se sabe dónde acabaríamos...
Sea como sea, destino o no, cada cual elige qué quiere que sea lo que le hace sonreír o llorar, si así va a estar más conforme y a gusto dentro de lo que cabe.
Por ahora, esta bruja, cree en la suerte. En el destino y en las personas. En los caminos que le quedan por recorrer, sean cortos o largos, en las compañías de ayer, de hoy y las posibles de mañana. En sonreír cuando se debería estar triste aunque cueste, y en llorar de alegría, que de vez en cuando viene muy bien. Que quién sabe si mañana estará volando. Lo sepa el destino o no, o lo sepas tú o no, sólo sabe que aquí está hoy, y por eso, nada más que por eso, se alegra.