
Piedras en suspense, pétalos que caen. Sequedad y ojos en formol.
Noches calladas por pupilas rotas. Luna duermevela con quejidos mudos, de esos que penetran el suelo, que quiebran, duelen.
Aparentar por momentos ser íntimo de la guadaña.
No abrir, no salir. Peor, no querer entrar.
Aceras bañadas de sangre. Sombras putrefactas.
No ver. No querer ver. Pensar que no hay más, que no hubo, que no habrá.
Ni se es. Ni se está.
La huida ya no es insólita. Despejar el camino en una soledad que fue preconcebida por nuestro propio ego se convierte en lo normal.
¿Es ésta la vida que deseas?
20/04/07










